jueves, febrero 21, 2008

... puerto de pasión ...

Se cruzó en mi camino un puerto y una ciudad, con un reclamo que no puede resistir.

Una ciudad llamada Vitoria-Gasteiz, de edificios altos y calles anchas en sus alrededores y de edificios antiguos y calles más estrechas en su centro. Con su zona comercial en los alrededores cómo en el centro y toda ella plagada de buenos bares. También ellos plagados de sus cordiales gentes, mayores disfrutando de paseo y tertulia, jóvenes, algunos disfrutando de momentos sin obligaciones que atender, otros enfrascados en sus tareas diarias. Gentes con tradiciones muy arraigadas en su forma de ser.
Esto es lo que pude ver los ratos libres, porque fui allí para vivir el ambiente de pasiones y euforias que da el deporte.


Ocho contendientes que llegaron a la ciudad para disputar un torneo, llamado Copa del Rey, ganar un trofeo y ganar prestigio y reconocimiento. A modo de eliminatorias, sólo uno de ellos ocho podía llegar a la gloria.
Durante cuatro días, los equipos más preparados y más efectivos iban pasando eliminatorias, derrotando a sus rivales, hasta que los dos mejores se vieron las caras en la final del torneo.
Hubo buenos partidos, con defensas duras, ataques estáticos calculados y precisos, cambios de estrategias en pocos minutos para intentar sorprender al rival, y rápidos y efectivos contraataques. Aunque también hubo errores: imprecisiones en la lectura del juego, ataques sin control ni eficacia y defensas que traicionaban la combatibidad de los compañeros. Desde el primer al último minuto, son las características de este juego intenso.

Todos los equipos llevaban consigo decenas de aficionados, unos más entregados que otros a unos colores, un nombre, un equipo y lo que él representa. También hubo lucha de ánimos entre estos: a las primeras de cambio, las voces se unían para intentar acallar al contrario, hasta que unas cedían por falta de emoción, por falta de entrega o porque se les llenaba la boca de criticas palabras que no sirven más que para crear un ambiente hostil.
El equipo vitoriano participó en ese torneo: tenía el ambiente favorable, pero fue una peña de jugadores, comandados por un joven valiente y descarado en su juego quienes se alzaron con la victoria final.

Y así recuerdo el paso por esa ciudad.