Paseo un par de minutos para llegar al bar de al lado. No tomo el café en el mismo sitio dónde como, en el día a día, no me apetece estar encerrado más de media hora así que salgo, camino, cojo un periódico y pido un café. Mientras me lo tomo leo. Leo las cabeceras y alguna crónica o artículo de opinión. Sin este momento de pausa y soledad, acompañado de café y periódico me pierdo, me cuesta más volver al trabajo, me vuelvo una máquina rutinaria... Disfruto de este momento en el que no me apetece para nada hablar con nadie. Es un momento agradable de la vida que me ayuda a reflexionar... Termino de leer y camino otro poquito más.
... Lanzo los dados y muevo la ficha a la siguiente casilla...
A media tarde, paseo por la orilla del mar y se acerca una chica desconocida. Ya la había visto antes por la plaza del pueblo, pero sólo habíamos intercambiado un par de charlas vacías. Cómo no tengo nada que hacer, y mi educación y simpatía me lo requieren, charlo con ella largo rato. Me hace alguna pregunta personal, de esas que sólo contestas a los mejores amigos, pero por algún motivo se la contesto. Veo que su cara y su postura corporal muestra interés por la conversación, así que me da pie a que le cuente hasta el más íntimo detalle... Aunque me siento muy a gusto y parece que ella también está cómoda.
Debo irme, pero parece que no ella no quiere irse de mi lado. Me pide, me insiste que volvamos a quedar, como si tuviéramos una relación permanente y se acabara el mundo, pero yo me niego... a menos por ahora. Su cara se entristece y muestra de resignación. Aún así, le doy mi número de teléfono. En pocos minutos un mensaje me llega al móvil:
"¡Te odio! ¡Has jugado con mis sentimientos!"
... Coloco mi ficha en la mesa y cierro. Ningún otro jugador puede seguir tirando...
¿Porqué me acusa de jugar con ella? Quizá estoy demasiado obsesionado con mis objetivos en la vida que he perdido una oportunidad de abandonar la soledad personal, aunque... cuando me siento sólo tengo amigos y familia con quien hablar o estar en silencio. ¿Porqué me acusa de jugar? Si tenía interés... le he facilitado la manera de contactar conmigo y así poder volver a verme... Así mantenemos un contacto, la vida nos ha dado la oportunidad de conocernos, podemos volver a quedar para seguir compartiendo ratos de paseo... Yo sigo con mis prioridades y sigo mi camino, pero puedo hacer alguna parada... ¿Porqué me acusa? Creo que me he portado con mucho respeto. Son muy contadas las veces que estoy con alguna chica. ¿Me acusa de dar falsas esperanzas? Poder charlar con una chica de sentimientos, de preocupaciones, sin que nada surja, una conversación con respeto y admiración... ¡eso es lo que estoy aprendiendo de la vida! Simplemente he charlado y he pasado un rato despreocupado... ¿Es jugar con los sentimientos?... ¿Le he dado falsas esperanzas quizá?
Sin darme cuenta, he caminado hasta un parque... un parque verde, lleno de tileros, cruzado por numerosos senderos. En esta parte del parque, la que entra de lleno en el pueblo hay mucha gente en las terrazas, alguna pareja de ancianos paseando de la mano, algún grupo de chicas y chicos jóvenes y alguna familia con niños pequeños. Hay una cancha de baloncesto en el lado derecho del parque. Cuando paso por uno de los aros, una pelota de baloncesto me llega a los pies, y oigo una voz:
- "Senyor, ¿me pasa la pelota?"
Con que senyor ¿eh?. No le paso la pelota y espero que el chaval se acerque. No le paso la pelota, driblo y meto canasta. Entonces le paso la pelota y le reto. El chaval acepta.
... Defiendo, robo el balón y meto otra canasta. Una y otra vez. Gano el partido...
Sin darme cuenta está oscureciendo y me acuerdo que aún tengo una partida a medias. Una partida más seria en la cual tengo una misión que cumplir que no es otra que cultivar el futuro para vivir cómo yo quiero... Llego a casa y cuando estoy abriendo la puerta veo que una chica nueva ha llegado al vecindario. La miro, me mira, la saludo y le ofrezco una sonrisa, me devuelve el saludo con otra hermosa sonrisa...
... ¿Una nueva partida? ¡Juguemos! ...